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José
Antonio Abreu
"La enseñanza de la música es
una tarea crucial de toda sociedad"
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Crecimiento, expansión y profundización.
El fundador del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles
e Infantiles de Venezuela cree que hace falta pronunciar
estas palabras, para apoyar la idea de que la educación
musical es un camino firme para desarrollo social
en el país.
Marjorie Delgado / madelgado@el-nacional.com |
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Cada palabra que pronuncia es como un peldaño
en un altar del optimismo, quizá extraño
para una época en la que el pesimismo y el vacío
parecen ser la norma. De hecho, si esas mismas palabras
fueran pronunciadas por otro, sería un tanto
inevitable sentirlas vanas. Pero se trata de José
Antonio Abreu, a quien, incluso, esta gestión
gubernamental, con tanta queja de odio al pasado, ha
tenido que reconocerle la obra que ha construido desde
1975: el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles
de Venezuela, que se ha convertido en una bandera mundial
de la música.
Abreu asegura que nunca dudó del proyecto, que
recibió el Premio Príncipe de Asturias en
Oviedo, España. Cuando se le pregunta si tiene
alguna duda ahora, no es contundente. Él cree y
obliga a creer. Todas sus reflexiones tienen un centro
que deja claro: "El compromiso ético y social
que tenemos con los niños y jóvenes".
–La inclusión social y el rescate
de los niños de la pobreza es un ítem importante
en la agenda del Sistema. ¿Cuándo empezó
a ser así?
–En el momento en que un maestro asume la formación
de un niño en un área popular o de pobreza
crítica, en el momento en que pone en sus manos
un instrumento y lo enseña a tocarlo, lo incluye
inmediatamente. El Sistema se encarga de llevarlo, a
través de sus propias estructuras, a la profesionalización
del instrumento. Desde el principio escogimos áreas
en condiciones marginales para construir los núcleos,
y a medida que fue pasando el tiempo profundizamos este
trabajo. Ahora lo hacemos cuando estamos constituidos
en todos los estados y en muchas más comunidades
en estado de pobreza.
–Es decir, que hace 32 años el Sistema
ya propugnaba la democratización y "descaraqueñización"
de la cultura.
–Sí, y nosotros hemos vigilado muchísimo
que la calidad de la enseñanza se mantenga en todos
los estados. Luchamos enormemente por mantener el estándar
de la excelencia, formando maestros jóvenes que,
con una vocación apostólica, se van a las
regiones más apartadas a enseñar para que
la música se convierta en una actividad masiva.
–¿Usted cree que en estos 33 años
el Sistema ha logrado que los venezolanos cambien su visión
sobre la música académica?
–Estoy seguro de ello. La llamada música
académica es patrimonio de todos los estados sin
excepción. Las orquestas y los coros interpretan
el repertorio universal. Crece la avidez de los públicos
por los conciertos en toda Venezuela, no sólo en
locales tradicionales como los teatros, sino en espacios
públicos, que no sólo han sido tomados por
la música académica, sino también
por la música popular; aunque, sinceramente, yo
no estoy de acuerdo con la dicotomía que se ha
creado entre la música clásica y la popular.
Considero que hay un falso dilema entre música
popular y música clásica. Creo que música
hay una sola. Hablamos de buena y mala música pero,
en definitiva, respetamos los valores y los puntos de
vista estéticos de cada quien. Hay audiencias en
todos los estados y en Caracas. Los niños se han
ido incorporando masivamente, junto con sus familias.
Desde luego, no estamos hablando de haber llegado a la
cima porque el país es joven, pero sí creo
que un grueso de los venezolanos ha llegado a amar muchísimo
la música sinfónica, y profundamente.
Realmente, la música se está convirtiendo
en una hermosísima bandera de Venezuela.
–En algún momento, cuando comenzó,
¿se le planteó alguna duda?
–Yo nunca tuve ninguna duda. He pensado siempre
que la enseñanza de la música desde la más
tierna infancia es una tarea hermosísima y crucial
de toda sociedad. Esto es un ideal de la educación
desde hace muchísimos siglos: la música
forma parte del desarrollo espiritual y la conciencia
y la formación estética del hombre.
–¿Alguna duda hoy?
–Ninguna. Creo que debemos seguir adelante.
–¿Sólo tiene certezas?
–La mayor certeza: que los niños y jóvenes,
sobre todo los de medianos y escasos recursos, deben tener
creciente y total acceso a la educación musical,
que es uno de los más firmes caminos del desarrollo
social en el país.
–Muchos se preguntan cuál será
el futuro de 300.000 jóvenes en formación.
–Esto se compara con el caso del deporte. Hay miles
de muchachos que hacen deportes y la gente se pregunta
cuál será el futuro de ellos. El hacer deporte
ya es un presente y un futuro; el deporte pasa por la
vida de ellos y los hace mejores hombres, mejores ciudadanos.
La música pasa por la vida de esos muchachos y
los transforma. Unos permanecerán en la música,
otros habrán tenido la experiencia extraordinaria
del ejercicio orquestal y coral, otros serán maestros,
otros directores y todos, en absoluto, habrán disfrutado
del inmenso beneficio de una educación artística.
No se trata simplemente de hacer profesionales acartonados;
se trata de formar ciudadanos en el sentido más
noble. El propósito del arte es, precisamente,
ennoblecer y dignificar la vida de los seres humanos;
hacer ciudadanos más completos, más dignos
de la condición de tal, más dignos de una
actividad democrática en la cual todos tienen el
derecho que supone el ideal de la formación estética
del ser humano.
–Desde el principio abogó por un
sistema en el que el niño aprendiera a hacer música
desde el primer día con el instrumento. Algunos
no creían en este método. ¿Qué
le hizo pensar que era lo correcto?
–De niño me iniciaron así en la música.
Tuve la dicha de tener como profesora a Alicia de Medina,
una pedagoga insigne de Lara, que nos enseñó
la música haciendo música, nos enseñó
el solfeo haciendo música, nos enseñó
el instrumento viviendo la felicidad de la música,
no generando una distancia fría entre el instrumento,
y creando un estímulo enorme para que la familia
participara y lo acompañara.
–En la década de los setenta costaba
mucho para que el grueso de la cultura entendiera una
filosofía de este tipo.
–Hoy en día, es un ideal de la familia venezolana
que sus hijos tengan formación artística.
En ese sentido, la educación musical, que es una
parte de la educación artística, ha tenido
logros tan importantes en Venezuela que se está
convirtiendo en una referencia internacional. Esto es
así porque las artes no deben ser un elemento ornamental
o periférico de la educación, sino parte
orgánica de ella.
–Pero no fue tan fácil que todos
creyeran.
–Si hubo una resistencia, fue leve.
–Ha pasado un año desde que se anunció
la Misión Música y el énfasis que
se iba a hacer en las escuelas bolivarianas y en los consejos
comunales.
–Se ha estado trabajando intensamente este año
en la formación de un nuevo magisterio porque la
posibilidad de incrementar la matrícula depende
también del desarrollo del panel docente. Los nuevos
maestros van a asumir la enseñanza de 300.000 jóvenes,
que luego serán más.
–¿Hay una garantía a largo
plazo en el relevo gerencial del Sistema?
–La Simón Bolívar es el espejo de
la nueva dirigencia que surge en el Sistema. La generación
de jóvenes con edades entre 20 y 25 años
son los directores actuales de las orquestas, los que
dialogan con las instituciones, con las alcaldías,
las comunidades, los que luchan por los espacios, los
que brindan los conciertos, los que crean la nueva programación.
Es esa la dirigencia que está marcando la ruta
de la innovación del crecimiento del sistema, ésa
es su mayor fuerza.
–¿No ha temido en algún momento por
la fuga de estos jóvenes?
–Ellos quieren estar en su país y justificarse
históricamente en su país.
–Ha tenido la capacidad de convencer y negociar
con todas las autoridades durante 32 años. ¿Cómo
se hace esto?
–Quienes realizan esa labor son los niños
y jóvenes que, con su trabajo, su éxito,
justifican todos los días el apoyo del país.
Ellos son los factores fundamentales que explican el respaldo
unánime de Venezuela a su labor.
–¿Qué se debería hacer
para que lo que ha ocurrido con la música en Venezuela
pase con otras áreas de la cultura?
–El principio fundamental está en el sistema
educativo. En este momento yo veo que la educación
artística adquiere, en el campo de la música,
una personalidad orgánica. Ése es un componente
esencial en el sistema educativo. Todos los planteles,
desde el nivel preescolar hasta el universitario, incluyen
la música, y yo creo que eso va a extenderse a
todas las artes. Éste es un fenómeno que
tiene un desarrollo a partir de la música, no porque
la música sea el arte rectora ni mucho menos, sino
porque creo que la música anima enormemente la
educación artística en estos momentos y
la convierte en una estructura especialmente relevante
en la Venezuela de hoy.
Publicado en El Nacional el lunes 20 de octubre del 2008. sección
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