Fran está casado con Ana, se han mudado a un estudio tipo loft –dice Fran– que guarda un misterio que da la vida: un fantasma con un deseo inconfesable: ducharse, ducharse y ducharse.
La comedia se construye a base de monólogos. El primero, el de Fran, de casi cincuenta minutos. Luego toma el relevo Ana y, seguidamente, en el segundo acto, ambos personajes comparten escena. Daulte echa mano del socorrido truco dramático de las llamadas telefónicas para dotar de verosimilitud a la peripecia que se desarrolla sobre el escenario, que, a fin de cuentas, no deja de ser algo de lo más inverosímil. Sin embargo, el truco crea un personaje in absentia verdaderamente memorable: la madre coñazo. Y, además, determina el carácter del personaje protagonista de tal forma que el espectador quiere extraerle de la ficción, saludarle o compartir una tarde de cafés y de terrazas.
Una pareja acaba de mudarse con la idea de comenzar a vivir juntos. El departamento es pequeño e incómodo, reina el caos, las cajas de la mudanza atiborran el lugar, hay problemas con la calefacción y con los vecinos del piso de abajo. Pero todo esto es nada comparado con lo que encuentran en lo que ellos suponen un nuevo hogar: el departamento cuenta con la inopinada presencia de un hombre invisible. Por si fuera poco, éste, algo intratable por carácter, no acepta de muy buena manera la invasión a su espacio que supone la llegada de la joven pareja.
Escrita por Javier Daulte / Dirigida por Dairo Piñeres / Hasta el 29 de noviembre / De jueves a sábados 8 pm, domingos 6 pm./ Entrada general Bs. 70, jueves popular, estudiantes y 3ª edad Bs. 60. CELARG.
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